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El 15 de Abril hice esta entrada-homenaje a mi padre, hoy es su cumpleaños, inevitable recuperarla
Quizá os resulte un poquito largo. Gracias por vuestra paciencia.
PEQUEÑO HOMENAJE PARA UNA GRAN PADRE
tomillo, romero y jara;
cercas de piedra en su dehesa, donde libre el ganado pace y retoza;
conejos, jabalíes, ciervos
y sólo de vez en cuando el crujir de las ruedas de un carro.
El resto es silencio, el silencio de Sierra Morena;
y en medio del silencio una Ermita.
Casas de granito y cal,
corral, cuadra y huerto.
Cruces de piedra, en las calles impregnadas de característicos olores;
hogazas cocidas con leña de encina y ramas de jara;
chacina, que acabado el ritual de la última matanza como cada año,
se va oreando y curando lentamente con el frío aire serrano,
colgada en las ventiladas cámaras de cada casa;
braseros de picón.
Plaza y torre de la Iglesia.
En el corazón de la sierra, tu Villanueva, tu pueblo.
El pueblo donde naciste y que fue testigo de tu feliz infancia.
La huerta, el caballo, los baños en la fría alberca;
la escuela, tu calle, tu trompo y tus canicas;
guerrillas entre bandas, risas, tu hermano, los amigos y un sinfín de primos;
más tarde equipo de fútbol, nariz rota
y alguna que otra vez a guardar cochinos.
Fue por entonces cuando llegó de fuera una delgada niña, que con su triste mirada llamó tu atención. “No tiene madre” te dijeron.
Después la guerra que de manera tan cruel acabó con vuestra infancia. Pero no pudo con vuestra ilusión de adolescentes y continuó la camaradería, los domingos de Misa, futbolines y billar. Y aquella niña, ahora más triste aún porque la guerra se llevó también, lo que más quería, a su padre.
Un día decides: “padre yo no quiero estudiar, quiero ser espartero como tú, trabajar y vivir en mi pueblo”.
Y llegó el largo servicio militar, casi tres años en Zaragoza, nuevas y perdurables amistades, la alegría al recibir el paquete con comida de tu casa, felicitaciones de altos cargos por tu orden y conducta impecables; toda una experiencia, para quién nunca antes había abandonado el hogar.
Una vez acabado, de vuelta a tu querido pueblo, encuentro con la familia, los amigos y de nuevo aquella niña, que con la mirada menos triste se había convertido en una guapa mujer de finos modales y buena educación, que la hacían destacar entre las muchachas de su edad; y ya no se te fue de la cabeza, tenías que intentar que fuera para ti, pero en tu interior solo era una ilusión, algo casi imposible de conseguir. Luego, tímido primer intento una tarde de domingo en el paseo, al que siguieron una serie de rondas nocturnas en noches invernales con gabán y paraguas. Y te aceptó, ¡cómo no iba a hacerlo!, y desde ese día hasta aquel en que te dio su último adiós, fuiste para ella todo: los padres que tan pronto perdió, el hermano que no tuvo, el amigo y el amor de su vida.
De aquí en adelante boda, hijos, alguna enfermedad, apuros económicos, traslado a Córdoba (por tus hijos, dejando atrás madre, amigos, romerías a tu Virgen de Luna, tu vida de pueblo que tanto amabas), trabajo, horas extra….y eso que te ha caracterizado toda tu vida, cariño y entrega a los demás por los cuatro costados.
Justo, comprensivo, sacrificado, paciente, caballero del honor…, me faltan palabras para poder describirte; has sido siempre mi modelo a seguir.
Hijo extraordinario, compañero inmejorable, padre y abuelo ejemplar.
Gracias en nombre de mis abuelos, de mi madre, de mi hermano, de mis hijos, de todos los que te han conocido y han disfrutado de ti.
Sólo me queda decirte que te quiero mucho. Que quiero seguir siendo tu niña, como cuando corría de tu mano para poderte alcanzar. Que te sigo necesitando papá…
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